El país desarrolla plan para mitigar escasez de combustible provocada por presiones de Estados Unidos.
Cuba atraviesa uno de sus momentos económicos más delicados de los últimos años. La escasez de combustibles ha generado apagones prolongados, una fuerte reducción del transporte y la paralización de actividades clave en todo el país. Según fuentes locales, los cargamentos de petróleo no están llegando a la isla en estos momentos, lo que ha agravado una crisis ya profunda.
La falta de combustible se refleja con claridad en las calles: hay menos autos circulando y, en muchas zonas, prácticamente ninguno. El transporte público funciona de manera limitada, lo que afecta la movilidad diaria de la población y el desarrollo de actividades productivas y sociales.
Ante este escenario, el Gobierno cubano comenzó a recortar actividades en universidades y a suspender eventos culturales, en un intento por reducir el consumo energético. Estas medidas impactan de forma directa en la vida académica y cultural del país, sectores que ya venían golpeados por la crisis económica.

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Otro de los efectos más severos se observa en el turismo. Actualmente, no hay vuelos internacionales operando con normalidad, lo que frena el ingreso de visitantes y corta una de las principales fuentes de divisas para la economía cubana. La paralización del sector turístico tiene un impacto profundo y negativo, tanto en el empleo como en los ingresos estatales.

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En este contexto, las sanciones impulsadas por el expresidente estadounidense Donald Trump continúan teniendo consecuencias significativas sobre la economía cubana. Las restricciones han dificultado el acceso a combustibles y financiamiento, y han aumentado la presión sobre países como México, que en distintos momentos intentaron colaborar con el abastecimiento energético de la isla.
Mientras la crisis se profundiza, la población enfrenta apagones, escasez y una creciente incertidumbre sobre el corto plazo, en un escenario donde las soluciones parecen cada vez más lejanas.
